"Atravesó la Plaza del Trigo y entró en su casa de la calle de las Tiendas: un antiguo piso de madera, frío pese a que dejaba dos estufas encendidas cuando salía por las mañanas contra las advertencias de Rosa, "que un día, don Eusebio, cuando yo termine de hacer la limpieza y me vaya, puede haber un disgusto, un incendio, lo que sea..."."
José María Pérez Álvarez, Las estaciones de la muerte. Duen de Bux, Ourense, 2008. Pág.12.
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