Mostrando entradas con la etiqueta manchica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta manchica. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de mayo de 2014

Cando estaba doente

"Ninguén sabía como se arranxaba dentro da trastenda que daba a un salido onde criaba galiñas. Disque se lle puñan morredías de tanto pan duro que lles daba esfrangullado.

 Cando estaba doente chamaba a unha monxa que era do seu lugar, aló pola Manchica, Sor Flora, que tiña unha migalla de bigote. Un día que eu estaba alí, coidándolle do trato, ouvín como lle rosmaba."

Eduardo Blanco-Amor, Os Biosbardos, ed. Galaxia, 1962, 12ª edición, "O noxo", páx. 26 

lunes, 20 de enero de 2014

Sentencia a garrote vil

"De aquellos días conservo una de estas imágenes. La Audiencia provincial, a cuyas vistas de procesos criminales asistíamos los de Auria como a un espectáculo que por tan habitual ya había dejado de ser excitante, dio un fallo de sentencia de muerte que conmovió a la población. (...) Vivían los protagonistas en unas tierras altas, entre los pinares del camino a la Manchica.(...) Por otra parte, el hecho de haber mandado a su hija única a educarse en las Carmelitas, de Auria, desde los siete años, es decir, desde que quedara viudo, hasta los catorce que tenía cuando de nuevo la llevó a vivir con él, no encajaba en las costumbres comunes a los campesinos. (...)

No obstante, la sentencia a garrote vil conmovió a la ciudad, que se sintió deshonrada porque en su recinto se alzase un patíbulo. No había memoria de que allí hubiese funcionado jamás una horca. Algún reo, incluso, había llegado a estar en capilla, pero jamás llegó a consumarse, en Auria, esta bárbara forma de aniaquilamiento de un ser humano. (...)

jueves, 16 de enero de 2014

Un horrísimo fragor de cristales

"Interesa, aun a riesgo de parecer demasiado prolijos, a la crónica de Auria, decir lo que la tradición afirma que allí ocurrió. No es nada fácil, a causa del confusionismo que siempre obscurece el criterio histórico, aun en los relatos coetáneos. Los paseantes del espolón de la Plaza Mayor, al ser interrogados, después de la tremolina, por las gentes ávidas de información, incurrieron, desde los primeros momentos, en insalvables contradicciones, que incluso llegaron a salpicar de parcialidad los apuntes del cronista municipal de Auria. Pero manejando eclécticamente los confusos materiales, pudo llegarse a la siguiente síntesis: Sobre las notas finales de una fantasía de El anillo de hierro, pues, por ser aquel día jueves, la banda municipal daba un concierto vespertino en la gradería del Consistorio, oyóse una gran voz, saliendo de la mencionada oficina de farmacia:
-¡Proclame usted que esa indirecta no me está destinada o nos vermos las caras...!
Y otra voz de no menor cuantía:
-¡Soy hombre para usted y para diez fanfarrones como usted!
-¡No dice su mujer otro tanto!
Esta última frase fue seguida de un breve y dramático silencio, y, casi de inmediato, oyóse un horrísimo fragor de cristales y cacharrería...