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viernes, 14 de diciembre de 2018

Cacéi unha lavandeira

"Fue la única vez que lo oyeron blasfemar. (La injusta compensación no llegó hasta dos días después, con una pulpada sensacional, en la que Casinó, ya como si nada hubiese pasado, despachó para sus insaciables adentros un caldero íntegro de pulpo en la Feria del Veintiuno).

  (...) Durante una larga temporada frecuentaron una tasca de las afueras, en el Campo de Mende, a orillas del Loña. La patrona había traído de una aldea en la raya de Portugal a una sobrina quinceañera que les llevaba los ojos a todos. La chiquilla era de una gracia y belleza poco comunes.

   (...) Por esta su lavanderil inclinación, solían cantarle una copla popular que le venía como anillo al dedo:

Paséi a Ponte da Loña,
paseina dunha carreira,
tireille un tiro a unha levre,
cacéi unha lavandeira."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.88-90-92

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Aroma

"La cañada del Loña se ensancha en el Campo de Mende, en torno al cual los montes componen una especie de anfiteatro, que en febrero, intrépido adelanto de la primavera, se llena de la luminosa expectación de las acacias, cuyos amarillos embriaga los ojos, el corazón,  cuyo aroma embalsama el aire, el paisaje todo hasta los últimos rincones."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.55

martes, 27 de noviembre de 2018

Belleza rústica incomparable

  "Llegaron a la presa que cruza el puente romano, de una belleza rústica incomparable, con su yedra colgante, de modo tan afortunado que se diría que alguien la hubiese colocado con el mayor esmero. Salieron del agua y se quedaron un buen rato contemplándolo. "¡Qué bueno!". "¡Extraordinario!". No se cansaban de mirarlo, de admirarlo; la yedra, colgando hasta casi tocar el agua; el arco, perfecto semicírculo, cuyas piedras en la parte central reducen su espesor hasta perfilar, desde la distancia, una línea pura; el reflejo en el agua, quieta, soñadora, completando el círculo ideal... "¡Extraordinario!". "¡Qué maravilla!". Tras una larga, intemporal contemplación, y haberlo cruzado, como para asegurarse de la materialidad de su existencia, siguieron río arriba.

  La cañada del Loña se ensancha en el Campo de Mende, en torno al cual los montes componen una especie de anfiteatro..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.54-55

martes, 14 de febrero de 2017

Desde Orense á Cea (II)

A nuestros piés, bajo el soberbio puente, gime el aurífero Miño y á pocos pasos sobre nuestra cabeza pasa vertiginosa la audaz locomotora haciendo crujir el férreo puentecillo bajo el peso de sus raudas ruedas.

Las vaporosas brumas, cual por  encanto disipáronse,  y el horizonte despejado permite ver el sorprendente paisaje que ofrecen las sin rival campiñas orensanas.

Allá queda Montealegre con su falda salpicada de casitas blancas entre viñedos verdes y su cumbre coronada de silvestres pinos, sobre los cuales rústica cruz destaca sus brazos de granito.

Mas abajo el solitario cementerio con sus bosques de ciprés y sáuce, cercando el pié del franciscano convento que avaro guarda el artístico cláustro y, mas abajo aún, la gótica catedral con su moderna torre y su magnífico cimborrio, proyectando negra silueta sobre la churriguerresca iglesia de Santa Eufemia y envolviéndolo, cual si en nubes de incienso fuese, en las múltiples espirales de blanquizco humo que de las encumbradas chimeneas brota. 

A las márgenes del Loña queda la pintoresca aldehuela del mismo nombre con su antiquísimo puente coronado de festones de yedra y sus bullentes cascadas que, al rebotar de roca en roca, deja en las juncias blondas de espuma y salpica de líquidos brillantes las atrevidas casas del pueblo de Mende, que basadas en socavados peñascos, inclínanse sobre el abismo cual nido de águilas á quien solo sostienen los débiles zarcillos de la trepadora vid.

En tanto el coche levantando las nubes de polvo sigue con vertigiosa rapidez; y pintorescas aldehuelas, nuevos caseríos y variados paisajes quedan á nuestro paso.

Por las lindes del camino los morados brezos y los dorados tojos agrúpanse en confusión mezclando sus odorantes flores con la bailadora pimpinela y la escabiosa, y los arbustos de los floridos setos siéntense enlazar por la madreselva, y el convélvulo por entre cuyas bien olientes flores asoma su negro fruto la silvestre zarza.
 


Heraclio Pérez Placer, “El Escorial de Galicia”, El Álbum Literario, 14 de outubro de 1888, nº37, páx. 3.

sábado, 7 de marzo de 2015

Ao rueiro das casas de pallabarro

"A manifestación cos seus cantos, cos seus vivas sin trégolas, as bandeiras arrandeadas, fachendosas, ao chegar ao rueiro das casas de pallabarro onde vivían os traballadores,
 coas súas fiestras e balconciños de balaustes de pau, lucintes de potas vellas, bacenillas escachadas e olas fendidas, rechamantes de frores e de herbas de arrecendo, por onde asomaban as mulleres erguendo os seus pequechos pra que visen pasar a manifestación, pois só quedaban nas casas os nenos, os doentes, os vellliños e as mulleres que tiñan que quedárense a coidalos.

 Cando estaban no poder os liberais, o mitín dábase dende o palco da música, no xardín do Posío ou da Alameda; pro cando estaban os conservadores non había tutía, e había que os ter en Mende, aldeíña afastada, á beira dun riacho que ás veces viña moi cheio e deixaba pouca folgura pra tanta xente."

Eduardo Blanco Amor, Xente ao lonxe , páx. 299, Editorial Galaxia, Vigo 2006 (2ª edición en BBA)