Agradecimientos
"A Celanova, mi pueblo. Le falta el río para ser Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 403.
Agradecimientos
"A Celanova, mi pueblo. Le falta el río para ser Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 403.
"-¿Te acuerdas de cuando me quejaba de que no tenía ideas y tú me decías que solo me bastaba con abrir los ojos y observar a mi alrededor?
-¿Te he dicho alguna vez eso?
-Muchas veces. Pues sé de un pueblo donde ha pasado una historia tremenda. Novariz, no sé si te suena. Ya tengo hasta la prota. Una profesora sustituta, que se mete en la boca del lobo y acaba descubriendo el asunto más turbio del pueblo. ¿Qué te parece?."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 401.
"Camino por las calles de Novariz, apenas iluminadas. Me recuerdan a Lisboa, una ciudad que, no sé si por conciencia ecológica o por falta de medios, tiene un alumbrado nocturno mínimo. Al igual que Nueva York. Bien es verdad que en la Gran Manzana los edificios y los escaparates iluminados suplen la carencia de farolas. No sé porque me pongo a pensar en algo así."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 351.
"-Tú no eres consciente de cómo era Viruca. Era la mujer más espectacular de Novariz, de la provincia entera. Siempre había tenido mil pretendientes, todos querían estar con ella. Era un imán. Podía haber elegido a quien le diera la gana. Y me eligió a mí. A un profesor de historia de instituto. A un pobre desgraciado."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 344.
"Marga se ofrece a llevarme a casa, aunque ella vive en Ourense ciudad. Declino el ofrecimiento.
-Gracias, Marga. Me cojo un taxi. Llámame con lo que sepas, ¿vale?
-¿Estás bien?
Asiento con muy poca convicción.
-En algún momento tendremos que hablar -me dice.
-¿De qué?
-De todo lo que callas, Raquel. Que estúpida no soy."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 323.
"Llegamos al hospital en menos de media hora. Bendita autovía, esa de la que tan orgullosos están en Novariz, y de lo único que hablaba mi suegro en los últimos días de su vida. Lamentaba que no fuera a disfrutarla con todos los años que estuvieron sufriendo las obras. En eso pienso durante el viaje, en eso y en otras mil cosas, que no quiero contar a Marga."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 318.
"-¿En qué hospital está?
-En el hospital universitario de Ourense.
-Estoy sin coche. Mierda. ¿Quién me lleva hasta allí?
Marga se ofrece. Salimos del aula de profesores.
-Raquel, hay algo que no he contado ahí dentro. Para que no se corra la voz o para no alarmarlos más de la cuenta.
-¿Qué es?
-Alguien lo llevó hasta la entrada de urgencias, lo abandonó allí en la puerta y se dio a la fuga. Yo creo que han intentado matarlo y luego se arrepintieron. No sé."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 317.
"-¿Conoces a alguien más con quien poder quedarte?
Podría quedarme en la casa de O Muíño pero ahí tendría que ver también a Germán. Y no, en Novariz no conozco a más gente de la que tirar. Mis cuñados, tal vez, pero tampoco quiero ponerles al día de todos mis problemas con su hermano."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 313.
"Por fin llego hasta el instituto. Creí que no lo iba a lograr, que iban a tener que venir a rescatarme. Ya no hay nadie por ahí. Las puertas están cerradas. Veo mi coche aparcado y subo. Empapo todo el asiento. Mi ropa está chorreando. Yo entera chorreo. Me miro en el retrovisor. Parezco un fantasma, un espectro.
No soy ni la sombra de la mujer que llegó a Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 287.
"Germán había trapicheado con porros durante un breve tiempo en la universidad, ¿pero esto?, ¿desde cuándo?, ¿por qué?, ¿cómo empezó? Estoy convencida de que en Coruña no lo hacía. Porque por muy ciega que estuviera me hubiera dado cuenta de algo, algún movimiento extraño, gente viniendo a casa, o él poniendo excusas para salir, pero no. Ha tenido que ser ahora, en estos meses, en Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 284.
"¿Será que necesito saber lo que le pasó a Viruca? ¿Será que ahora no quiero que Iago se salga con la suya, que vea que he cedido a su amenaza y que por miedo lo he dejado estar? ¿Pero no es eso lo más sensato? Tengo en mi mano, por primera vez desde que estoy en Novariz, la posibilidad de dejarlo todo atrás. ¿Por qué no estoy dando saltos de alegría?"
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 282.
"Descubro en Mauro al profesor de historia, a la persona apasionada, que vibra transmitiendo conocimientos. Tal vez sea el alcohol o la calidez de este bar, a pesar de ser de piedra logra conservar el calor que sale de una chimenea del fondo, o porque durante una hora, ninguno de los dos habla de muerte, ni de ausencias, ni de rupturas, lo que hace que me sienta muy a gusto y, por primera vez en semanas, despreocupada, liberada de esa angustia que me tenía presa desde que llegué a Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 270.
"Mauro me lleva a un bar que está en un edificio con soportales de piedra. Es en una de las calles del barrio judío de Novariz. Solo se conservan dos calles del antiguo barrio. En una panadería de esta zona han vuelto a fabricar postres de origen judío siguiendo recetas ancestrales. Mauro me habla de ello con pasión."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 269.
"Renegué de ella, la culpé de haberme convertido en un snob, en un pijo patético, y que lamentaba haberla conocido. Que me arrepentía del día que la invité a un café. Y que ojalá nunca hubiera venido a Novariz, porque así no la habría conocido. -Toma aire antes de seguir hablando. Reflexiona-."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 266.
"Subimos a su coche lujoso y cogemos por una carretera comcarcal que nos lleva a una zona de pesca del río Limia. Nos metemos entre unos árboles y matorrales. La zona es muy frondosa. Y por fin llegamos hasta un pequeño claro en la orilla. El río baja caudaloso y en calma. Da ganas de navegar por él. Pero no de echarse al agua en un día frío como este."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 263.
"-No lo sé... Pero necesito que tú me creas, Germán, necesito sentirte a mi lado. Y que no me mientas más, por favor. Porque si no puedo confiar en ti, nada de esto tiene sentido, yo cojo las maletas y me vuelvo a Coruña y que le den a los alumnos, al trabajo y a Novariz."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 260.
"Consigo que el mando a distancia del portón de nuestra casa funcione a la primera. Son las doce y media del mediodía de un febrero soleado. Hace frío, y me he encontrado con bastante niebla por el camino, tanta que a veces he tenido que aminorar la marcha, pero ahora aquí en Novariz luce el sol."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 247.
"-¿Y es muy amigo de Germán?
-Bueno... yo creía que era una amistad más del pasado, pero a lo mejor estos meses, con todos los viajes que se ha pegado a Novariz, han vuelto a intimar.
Recojo mis cosas, las meto en la bolsa de viaje. Y me despido de mi amiga, que sigue un poco enfadada porque no me quedé más tiempo."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 246.
"Acompaño a Gabriel hasta la puerta.
-Gracias por enseñármelo, así, sin venir a cuento. Ni te he preguntado, ¿qué tal por Novariz? ¿Te adaptas? ¿Contenta de que Germán se meta a comprar parte de O Muíño?
-Bueno...sí..."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 245.
"Le hago pasar adentro. Gabriel mira con detalle cada habitación.
-Precioso. Con mucho gusto. Una mujer con clase, tu madre. Por Novariz no se ven pisos así.
Agradezco sus cumplidos, pero a mí no me la da. Sobre todo después de haber estado en su pazo."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 244.