"-Entonces te espero a la vuelta del Jardín del Posío, en la Fuente del Picho. No tardes -le dije.
-No, allí es demasiado lejos y podemos perdernos con tanta gente como irá.
(...)
-Hay que andar con cuidado, pues me parece que tus tías Lola y Asunción también van a ver la muerte, desde el mirador de la finca de los Eire.
(...)
-Bueno, después te contaré. Date prisa. Te espero en la Fuente Nueva -y dejó allí el capacho de la compra, en la panadería de la Maica.
Un río interminable de gente se encaminaba hacia el campo del Polvorín. Mucho antes de llegar ya tuvimos que acortar el paso, y terminamos por meternos a través de unas viñas y por vadear un arroyo descalzos. (...) Mas tampoco así pudimos entrar ya en el campo de la ejecución. Retrocedimos, para coger el camino de la Sila, entre altos paredones que cercaban las viñas, y gateamos por las junturas de las piedras de uno de ellos hasta encaramarnos a una heredad.(...)