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miércoles, 3 de febrero de 2021

Un romántico

  "Da figura de don Cándido, Manoliño só recorda que usaba botíns. Don Cándido tiña en Ourense bufete de abogado, e era, ao mesmo tempo, catedrático da Normal. Polas cousas que Manoliño soupo despóis, don Cándido debéu ser un romántico.

 Nesta casa, de moi bo humor e de moita familia, orgaizáronse os millores carnavás de Vilardebós, entre os fillos de don Jesús e os irmaos de Manoliño."

Silvio Santiago. Villardevós, Ed. Galaxia. Biblioteca Básica da Cultura Galega,  nº 40; 1982. Páx. 49.

viernes, 7 de febrero de 2014

Fastidio a la ciudad

"Me iba quedando cada vez más solo. Estuvo a punto de separarme definitivamente de Amadeo un suceso que, en sí, carecía de significación, pero al que él concedió una importancia exagerada.  Toda mi actividad, en lo físico, se descargaba en largos paseos por los alrededores de Auria en los que él era -y a veces Valeiras- mi infatigable acompañante. Le había tomado fastidio a la ciudad.

  Temía las explicaciones o, lo que era peor, las condolencias y disimulos por lo de aquéllos. Sentía gran añoranza hacia la peña del café de la Unión, donde unos cuantos muchachos íbamos esbozando, bajo la guía de algunos jóvenes profesores de la Normal y del instituto, que dictaban allí su mejor cátedra, la configuración, todavía lejana, de lo que  habría de constituir nuestro esquema del mundo."

Eduardo Blanco-Amor, La catedral y el niño, ed. Galaxia, Vigo 1997, páx.372

miércoles, 29 de enero de 2014

Tanta gente que supiese de música

"Al día siguiente en el café, en los grupos de gentes letradas, -"los intelectuales", como empezaba a llamárseles-  reinaba una visible excitación. Estaban constituídos por una mezcla de escritores, periodistas, profesores nuevos del Instituto y de la Normal y por todo género de lectores y de aficionados a las artes y a las letras, pertenecientes a la burocracia del Estado. Los poetas y escritores eran inéditos en su gran mayoría, y la base de su crédito era puramente referencial. (...)

El motivo de la nerviosidad excepcional que aquel día los agitaba, era el concierto que a la noche siguiente -anticipándose en varias fechas a la anunciada, por circunstancias imprevistas en su gira- habría de ofrecer, en el Teatro Principal, la Orquesta Filarmónica de la Corte. Por vez primera iba a ocurrir en Auria un acaecimiento de esta naturaleza. (...)

Confieso que al entrar, la noche siguiente, en el teatro, me hallaba en un estado de desasosiego tan anómalo, que parecía miedo.(...)

Volvimos cuando estaban ya afinando. Me asombré de que hubiera en Auria tanta gente que supiese de música como para intervenir con tanto ardor en las discusiones, arriesgándose en tantas réplicas, loas o distingos."

Eduardo Blanco-Amor, La catedral y el niño, ed. Galaxia, Vigo 1997, páx.330-333

domingo, 19 de enero de 2014

En aquel Auria que iba surgiendo...

"Habían pasado cuatro interminables años desde el encarcelamiento del tío Modesto y la huida de mi padre, cuando mamá determinó que me quedase en Auria para continuar, en el instituto, mis estudios. (...)
También la ciudad había ido cambiando en aquellos años decisivos, aunque el fondo de su espíritu continuaba siendo el de antes, pues la generación criada -educada sería mucho decir- en los nuevos usos, que en aquel quinquenio sufrieran una visible modificación, no tenía aún directa injerencia en la vida del burgo, ni siquiera en su propia vida. Las diligencias iban siendo sustituídas por líneas de autobuses, los trenes eran más frecuentes; la luz eléctrica era ya un patrimonio público y privado, con lo que la ciudad había perdido aquel íntimo misterio nocturno que la hacía retroceder, llegada la obscuridad, a siglos pretéritos, con sus callejas lóbregas y estrechas y las antiguas arquitecturas llenas de prestigio fantasmal. La instalación de dos Escuelas Normales había atraído sobre Auria una irrupción abundante y alegre de muchachos y muchachas de la provincia. Las conquistas de la clase