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jueves, 30 de octubre de 2014

Más derecho

"Hay que descender rúas encostadas o seguir desde la Huerta del Concejo el camino de las puentes de los
Pelamios y la Sila, el que sigue a Noalla. Las Burgas interesan vivamente al joven Feijóo. Brotaban en una especie de foso descuidado entre malezas, desperdicios y agitación constante de mujeres y chiquillería. Las aguas sobrantes corrían entre huertos al río de la Barbaña.

  Para ir a Allariz, sin embargo, no tenían necesidad los viajeros de descender a Las Burgas y seguir el camino de Noalla. Pues más derecho es el del Posío. Dejando atrás la rúa popular del Pelouriño, o por la Puerta da Aira, saludando a la iglesia y abadía exenta de la Trinidad, el camino entre huertos de altos muros se dirige por Seixalbo a subir en dos tiempos la diferencia de altura entre el valle del Miño y el del Arnoya. Las cuestas del Cumial y de Taboadela significan dos graderías o resaltes que es necesario vencer. Orense, autorizado por sus torres religiosas, brillantes de sol los peñascos de Montealegre, se rinde a la pereza de la breve tarde. Es prudente pasar el Cumial en pleno día. Se van despidiendo los viajeros del paisaje de Orense que parece más hondo al insinuarse la niebla vesperal en el sentido de correr de los ríos. Respiran un ambiente más alto, de más franco invierno, en la llana tierra de La Rabeda, de centenos y prados, cruzan el Barbaña al lado de los célebres mesones de

miércoles, 29 de octubre de 2014

La ciudad era apretada y pequeña

"Al pasar nota, pues se destacan como armaduras entre sayos y su padre las señala y comenta, las moradas
nobles; algunas hoscas y torreadas como la casa bellamente conocida por de "la Misa de Alba", la de la Pena Vixía. El palacio del Obispo, con la iglesia de Santa María y su cementerio, forman un grupo de edificios y tránsitos religiosos con la catedral, un conjunto expresivo, de alta dignidad histórica. Las calles se llaman dos Zapateiros, do Tendal da Figueira, Oscura, de los Fornos, del Pelouriño... Las mejores son las afluentes a la plaza y las que envuelven la catedral. Seguramente, los viajeros se detienen a rezar en la capilla bella y clara del Santísimo Cristo. Y admiran la catedral mejor en la significación mística de sus miembros que en su arquitectura. Las nuevas obras del ábside, como la capilla del deán Armada, les dan idea de un estilo moderno, universal, que acabará sobreponiéndose y anulando tantas vejeces absurdas. Aún pudo alcanzar el joven Feijóo el templo románico, sin duda bellísimo, y en cualquier otro respecto venerable de Santa María, llamada la "Madre" por serlo, como heredero de la primitiva catedral, de las otras iglesias de la ciudad. Vio nuevecito el sencillo templo de los Dominicos, bajo la advocación del Rosario, nueva también Santa Eufemia. La ciudad era apretada y pequeña, muy bien puesta al sol de la tarde. Don Antonio Feijóo comentaría el hecho insólito de la falta de escalera en el templo principal, contaría la batalla de la puerta Norte de la catedral entre los condes de Benavente y Lemos, señalaría en el patín meridional abierto a la alegre plaza de las vendedoras "rianxeiras" como el lugar donde frondeció un tiempo la milagrosa parra de San Martiño, la decana o por lo menos la cepa más antigua, conocida por tradición y referencia del valle orensano. No faltarían casas amigas muy honradas en conceder hospitalidad a Don Antonio Feijóo a la hora de tenderse los manteles. De seguir el viaje no podía demorarse. Al reanudarlo pasan cerca de las Burgas."

Ramón Otero Pedrayo, El Padre Feijóo: Su vida, doctrina e influencias, Instituto de Estudios Orensanos "Padre Feijóo", Orense, 1972, pág.47-48

Imagen: "Retrato del Padre Feijóo" atribuido a Mariano Salvador Maella. 1770, Óleo sobre lenzo. Museo de Bellas Artes de Asturias. Do catálogo da exposición: "Cidadán libre da República Literaria", outubro de 2014, Ourense.