Pelamios y la Sila, el que sigue a Noalla. Las Burgas interesan vivamente al joven Feijóo. Brotaban en una especie de foso descuidado entre malezas, desperdicios y agitación constante de mujeres y chiquillería. Las aguas sobrantes corrían entre huertos al río de la Barbaña.
Para ir a Allariz, sin embargo, no tenían necesidad los viajeros de descender a Las Burgas y seguir el camino de Noalla. Pues más derecho es el del Posío. Dejando atrás la rúa popular del Pelouriño, o por la Puerta da Aira, saludando a la iglesia y abadía exenta de la Trinidad, el camino entre huertos de altos muros se dirige por Seixalbo a subir en dos tiempos la diferencia de altura entre el valle del Miño y el del Arnoya. Las cuestas del Cumial y de Taboadela significan dos graderías o resaltes que es necesario vencer. Orense, autorizado por sus torres religiosas, brillantes de sol los peñascos de Montealegre, se rinde a la pereza de la breve tarde. Es prudente pasar el Cumial en pleno día. Se van despidiendo los viajeros del paisaje de Orense que parece más hondo al insinuarse la niebla vesperal en el sentido de correr de los ríos. Respiran un ambiente más alto, de más franco invierno, en la llana tierra de La Rabeda, de centenos y prados, cruzan el Barbaña al lado de los célebres mesones de