"El viejo Martiño entraba en la narración como de mala gana, sin dramatismo, sin ninguna modulación en la voz, como hablando de sementeras y cosechas.
-Fue cuando servía en la casa de los Sánchez, allá por tierra de Manzaneda, en el lugar de Grixoa... Decís que son cosas de viejos... ¡je! Entonces era yo mozo y bien mozo, que ni llegaba a los treinta... Vi uno y traté con él, es un decir, aunque por poco espacio, pues ésos andan siempre así, como huidos... Pero aun siendo tan poco, me dio que cavilar para mucho tiempo, como aquél que queda algo trastornado y no puede dejar de volver siempre a lo mismo...
Venía yo de vuelta para Grixoa, donde servía, como ya dije. Había ido al pazo de la Mata, por mandado de los amos, para aconsejar a aquellos señores sobre un resto de la cosecha que se les estaba picando. Yo, como nacido en el Ribero, entiendo de estas cosas, como sabéis, ya desde muy rapaz, que entre ellas me crié; que los de Manzaneda cosechan en Valdeorras por manos de caseros montañeses, que poco o nada se valen tratándose de vinos, aunque otra cosa supongan...