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miércoles, 17 de junio de 2015

Xumiando xordamente

"Por un lado o xoguetón do Loña formando bulidoras cascadas cubertas con riscadas brondas e espumosos encaixes esvarando de laxa en laxa, e de penedo en penedo, enfiando as augas polas brilantes areas, xumiando xordamente e ocultándose de vez en cando pra logo aparecer máis brilante, descompoñendo a luz en mil coores, hasta que vai morrer ó Miño maxestuoso, que cal anguía de niquel corre silencioso, quizais cheo de fantesía por levar no seu seo o ouro que lle regala o Sil, ou quizais por non te despertar vai caladiño mirando as feitizadas ribeiras, nas cales se prende cal si quixese quedarse, e formando multitú de isliñas hasta que se perde polo Ribeiro, por aquel país celestial qe cría mulleres cal anxos, daquel país cuia fermosura canta en sentidas trobas o xílgaro de San Clodio, o ispirado vate Eladio Rodríguez."

Heraclio Pérez Placer,("Ourensiño, meu Ourense) Contos, leendas e tradiciós, 1891, Imprenta de El Eco de Ourense (Obra narrativa en galego, 1998, Centro Ramón Piñeiro, páx.184)

lunes, 6 de abril de 2015

Os graxos na Enciclopedia



Desde antiguos tiempos tienen los orensanos fama tan justificada de buen humor y de ingenio, que esta simple afirmación es un axioma bien comprobado; pero en la segunda mitad del siglo XIX surgieron inesperados acontecimientos locales, durante unos doce años, que tuvieron en jaque a las personas sensatas y a los serenos de la capital. El caso insólito lo cuenta con cierta gracia irónica el orensano por esencia Valentín Lamas Carvajal, en las páginas de Gallegada. Reproducimos aquí, en castellano, parte de lo que el admirable poeta y gran periodista escribió en impecable y perfecto gallego. Pasaron muchos años -dice-; se olvidaron muchos recuerdos; desaparecieron las más viejas costumbres de Orense; pero no se barrió de la memoria de las gentes el recuerdo de Os graxos da Burga. Aun hoy se extiende por las villas de toda Galicia, pues lo mismo que la sombra acompaña al cuerpo, así esta mala fama va siguiendo y persiguiendo también a los hijos de Orense por donde caminan; y como si se tratase de un foro o de una renta perpetua, venimos pagándola nosotros, sin que nos valga reunir dinero para redimir esta gabela que nos echaron a costillas antes de que naciésemos.