"-Si, a filla do conde de Valadouro que ten media ducia de fillos, de meios irmáns da súa noiva, con outros tantos "toutizos" das súas labranzas na Terrachá."
Eduardo Blanco Amor, Xente ao lonxe , páx. 220, Editorial Galaxia, Vigo 2006 (2ª edición en BBA)
O apelido Valadouro traenos á memoria o armazón narrativo da novela blancoamoriana "Los miedos", coa presenza do apelido Valdouro: vid. "O armazón narrativo de Los Miedos"
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viernes, 19 de diciembre de 2014
sábado, 12 de abril de 2014
O armazón narrativo de Los Miedos
A terceira novela de Eduardo Blanco Amor, Los Miedos (1963, ed.
Destino) presenta varias das constantes da súa narrativa: primeira persoa,
punto de vista infantil, mundo/preocupacións infantís, presenza de Auria,
ausencia da figura paterna... pero como novidade narrativa destaca unha
orixinal armazón na que se inscribe a
historia. Xa o discurso da súa obra anterior, tanto no inicio como no final,
fixaba unha arquitectura determinada que acollía o diálogo dos protagonistas. Na
súa novela Los Miedos repite esquema pero con grandes diferenzas.
No caso de A Esmorga ese manto narrativo que arroupaba o peregrinar
dos personaxes pretendía contribuír á veracidade da historia e a explicar o desenlace.
Nembargante no caso que nos ocupa trátase máis ben dun xogo literario,
buscando mergullarse nunha determinada tradición literaria, o que aproveita
para dar certas pinceladas de teoría narrativa.
O texto ábrese cunha “Advertencia” de seis páxinas, separada en catro
bloques, e asinada en Buenos Aires, 1961, na que o autor-corrector, profesor
particular de literatura, escribe un prólogo no que conta como recibe un
encargo dalgúns pais dos seus alumnos: que revise e corrixa unha novela inédita
atopada entre distintos papeis da autoría dun amigo deles, Pedro Pablo de
Valdouro, que vén de suicidarse aos trinta e dous anos.
viernes, 11 de abril de 2014
El alegre cascabeleo de las colleras
"-Doña Zoe (persisitió el cura, sin tomar nota), sigue muy delicada, pero fuera de peligro, y Dios nos la consevará muchos años. Por lo demás, tengo orden de que nadie entre y nadie entrará. Es todo lo que puedo decirles. Espero que me disimulen esta severidad... No es culpa mía.
Una hora después, casi de noche, partían hacia A...
¡Se llevaban a Rosa Andrea y a Diego! Ni nos dejaron despedir.
El cielo se me cayó encima cuando dejó de oírse, a lo lejos, el alegre cascabeleo de las colleras."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 228
jueves, 10 de abril de 2014
La canalla procesal
"El resto de la canalla procesal, con sus escribas y civiles, se quedó hasta la noche; preguntaron a todo el mundo, comieron como puercos y escribieron innumerables papeles. A la tarde siguiente, volvió la guardia civil y se llevó a cuatro mozos; exactamente a cuatro que no habían tenido nada que ver con la tremenda paliza, que ni siquiera estaban en la casa aquella noche.
Del tropel que llegara de Auria, sólo quedaron don Blas, el viejo notario de mamá Zoe, y el doctor Corona, con lo cual la casa se sosegó... quizá demasiado. Uno no sabía qué hacer ni qué pensar, si tener genta allí, si no tenerla..."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 225
miércoles, 9 de abril de 2014
Remusmús de mal agüero
"Desde el día siguiente, la explanada volvió a llenarse de carruajes. Venían de A... parientes y amigos, para enterarse (para curiosear). Los que eran, o se suponían, más íntimos, se quedaban a comer, y otros también a dormir. Se los encontraba por todas partes, agrupados en remusmús de mal agüero, como si fuese ya caso de pésame.
Apenas llegaron, varios de ellos se pusieron a dar órdenes y consejos, aumentando la confusión en aquella casa sin gobierno de nadie, pues Marcial no se apartaba de su hijo que seguía entre la vida y la muerte."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 224
martes, 8 de abril de 2014
A uña de caballo
"A eso de las dos de la mañana, salió de la alcoba don Ciprianito, el médico de la villa. Se veía bien que no podía esconder su preocupación. Le preguntamos y contestó con vaguedades. Mandó preparar nuevos sinapismos y habló de intentar una sangría. Luego le dijo a don Brandao que saliese alguien, a uña de caballo y sin esperar el día, a buscar a nuestro médico de A..."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 220
lunes, 7 de abril de 2014
Aquellos nietos tan guapotes
"A la tarde siguiente, (cosa rarísima) la abuela nos mandó llamar a los tres primos y nos retuvo en el gabinete, como si fuéramos visitas. Enseguida percibimos que no era por nada especial, sino para que estuviésemos con ella.
Nos trató con mucho cariño y nos dijo que "uno de aquellos días" bajaría a A... y volvería "con un coche cargado de cosas para aquellos nietos tan guapotes y tan valientes". Nunca la habíamos visto así y nos mirábamos con algo de susto."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 218
sábado, 5 de abril de 2014
Entre los dos cipreses
"La gente, mucho más que la que vi desde arriba, se había agrupado frente al palacio. Todo en un instante, como si hubieran estado esperando tras las puertas; incluso aparecieron los jornaleros que debían estar lejos, en las labranzas. Fuera de la portalada, entre los dos cipreses, había un coche alquilón de los de A...
Barrabás iba y venía entre la casa y el grupo, casi corriendo. El señor de negro, agitaba los papeles señalando la casa y farfullando. Diego y yo, frente al grupo del personal, seguíamos aquellos movimientos cogidos de la mano."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 211
viernes, 4 de abril de 2014
Aún le duraba el miedo
"A Rosa Andrea, desde que la abuela volvió de Auria, le daba por ir al rosario y por no separarse de los mayores, día y noche. Sobre todo de noche. En vez de hacerse la remolona, para quedarse un poco más después de la sobremesa, se iba a la cama pegada a María Cleofás. Supusimos que aún le duraba el miedo y no le dijimos nada."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 191
jueves, 3 de abril de 2014
Ataques de invencible aburrimiento
"La abuela había resuelto, aquella misma mañana, bajar a Auria, nadie sabía a qué ni ella tampoco, supongo. Siempre ocurría así. Le daba de repente la ventolera, interrumpía lo que estuviese haciendo, mandaba enganchar, a veces casi de noche, y se iba con la ropa que tuviese puesta.
En una ocasión me llevo. No vio a nadie, no hizo nada. Se paseó por entre los muebles enfundados del salón, echó un vistazo a los números atrasados de "El Eco de A...", y al amanecer del día siguiente, trotábamos de regreso por la carretera. Muchas veces he pensado si aquella especie de fugas, no serían ataques de invencible aburrimiento."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 170
miércoles, 2 de abril de 2014
En el lugar de Grixoa
"El viejo Martiño entraba en la narración como de mala gana, sin dramatismo, sin ninguna modulación en la voz, como hablando de sementeras y cosechas.
-Fue cuando servía en la casa de los Sánchez, allá por tierra de Manzaneda, en el lugar de Grixoa... Decís que son cosas de viejos... ¡je! Entonces era yo mozo y bien mozo, que ni llegaba a los treinta... Vi uno y traté con él, es un decir, aunque por poco espacio, pues ésos andan siempre así, como huidos... Pero aun siendo tan poco, me dio que cavilar para mucho tiempo, como aquél que queda algo trastornado y no puede dejar de volver siempre a lo mismo...
Venía yo de vuelta para Grixoa, donde servía, como ya dije. Había ido al pazo de la Mata, por mandado de los amos, para aconsejar a aquellos señores sobre un resto de la cosecha que se les estaba picando. Yo, como nacido en el Ribero, entiendo de estas cosas, como sabéis, ya desde muy rapaz, que entre ellas me crié; que los de Manzaneda cosechan en Valdeorras por manos de caseros montañeses, que poco o nada se valen tratándose de vinos, aunque otra cosa supongan...
martes, 1 de abril de 2014
Provincia fronteriza
"Don Brandao, hombre fino y de muchas lecturas, era un canónigo portugués que se había acogido a A... (provincia fronteriza) junto con otros monárquicos, luego de una conspiración fracasada.
La abuela, obedeciendo a sua afán de coleccionar tipos raros, supongo, le había asignado provisionalmente la capellanía del palacio y lo había metido, un poco a trasmano de la opinión jerárquica, a regir la parroquia vacante, prometiéndolo el curato en propiedad."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 163
lunes, 31 de marzo de 2014
La costumbre exigía
"Después de la misa, la interminable confirmación a todo el chiquillerío de la parroquia... Y después el desayuno, chocolate con roscones y azucarillos, para toda aquella requitropa, con sus parientes colgados. Se daba en el gran comedor, y la costumbre exigía que lo sirviese la gente principal de la familia (lo que se criticaba mucho en A...); en este caso la abuela, la tía Cleofás y nosotros."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 157
sábado, 29 de marzo de 2014
¡Primero que se maten!
"La abuela, que conocía bien los usos, avanzó a cubrirle la retirada.
-Déjelos usted que se desahoguen. Pelean sin armas, no llegará la sangre al río.
-Pero mi señora doña Zoe...
-Le ruego que los deje, sé bien lo que hago.
-Esto ocurre por no estar aquí la Benemérita (masculló, con voz de aparte). Se lo enrostraré al gobernador en cuanto llegue a A...
-Soy yo quien no quiere "civiles" en mis tierras... ¡Primero que se maten!"
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 156
viernes, 28 de marzo de 2014
"A las tres cartas"
"A Lois lo vi dos o tres veces, observando con gran atención en un puesto donde se timbeaba "a las tres cartas", juego de mucho engaño que llevaban por las romerías unos truhanes de A... Después lo vi jugando muy entusiasmado. Algo más tarde me dijo, al pasar:
- Les cogí la trampa; ya les papé tres duros."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 153
jueves, 27 de marzo de 2014
¡El día de San Pedro!
"-A tu abuela le gusta esto, la bambolla, la figuración.
-La revienta... ¡No la conoces...! Ya ves, en A..., no invita a casi nadie. Lo hace aquí porque se hizo siempre, por cumplir; lo hacen todos, hasta los aldeanos. ¡El día de San Pedro! ¡Je! Es como una especie de competencia a ver quién tiene más forasteros. Yo oí contar que en tiempos del abuelo, venían más de cien."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 145
-La revienta... ¡No la conoces...! Ya ves, en A..., no invita a casi nadie. Lo hace aquí porque se hizo siempre, por cumplir; lo hacen todos, hasta los aldeanos. ¡El día de San Pedro! ¡Je! Es como una especie de competencia a ver quién tiene más forasteros. Yo oí contar que en tiempos del abuelo, venían más de cien."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 145
miércoles, 26 de marzo de 2014
La Carlota
"Por fin apareció el cupé charolado, con su tiro de mulas, enormes y negrísimas. Descendió acompañado de un canónigo gordo, que yo no había visto antes, y del familiar, un beneficiado relamidillo, alto y pálido, con hebillas de plata en las chinelas, a quien las gentes del común, en A... llamaban la Carlota, nunca supe por qué."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 143
martes, 25 de marzo de 2014
Los criados viejos
"La abuela no perdía el compás, saludando a todos por sus nombres "Concha, ¡qué alegría me das! Espero que mañana venga tu hija..." "Aquí estoy, doctor Corona... Nunca creí tener el honor..." "Isabel querida, sube despacio, que ya no estás para esos trotes..." "¡Ay, Julia, qué bien quedas sin tu marido, mucho más joven..." "Por aquí, por aquí, José, Manuela (eran los criados viejos, de A...). Id a Barrabás que os dé un buen jarro del blanco.Venís aspeados. ¡También, esa cuesta!".
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páx. 142
lunes, 24 de marzo de 2014
Los forasteros
"Conque, la víspera de San Pedro, a la hora que habitualmente se dedicaba a la siesta, empezaron a llegar los invitados más íntimos (los otros venían sólo para la comida del día siguiente).
Aparecieron con su algazara tonta, sus risas sin causa ( como si tuvieran que reírse por obligación), y sus pasmos sin motivo, por cualquier cosa, porque sí, como si acabasen de desembarcar en un país recién descubierto.
Los peores resultaban los forasteros, los que no eran de la región, generalmente funcionarios y militares que caían a A..., al azar de traslados y permutas.
Eran unos pelmazos y gorrones de marca mayor, con su acento teatral y su falso señorío. Todo lo encontraban "pintoresco" (¡vaya unos idiotas!)..."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páxs. 140
sábado, 22 de marzo de 2014
Los ropashechas
"Los coches y los "propios", iban y venían entre el pazo y la ciudad, trayendo vituallas en enormes cantidades de las que luego sobraba la mayor parte.
Los aldeanos jóvenes aparecían, ya desde la víspera, afantochados y tiesos con sus trajes, comprados en los "ropashechas" de A... Perdido el garbo de su fachenda natural, desfigurados por los ternos acartonados y desmedidos (regalo de la abuela), parecían sobrevivientes de algún desastre, vestidos apresuradamente por las autoridades."
Eduardo Blanco Amor, Los miedos, ed. Destino, Barcelona, 1963, 1ª edición, páxs. 139
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