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miércoles, 30 de marzo de 2022

Que la vida va en serio...

Hace unos días vino a visitarme. ¡Qué sorpresa! Desde los años 70, no sabía nada de él. Éramos adolescentes y aún no sabíamos a donde nos arrojarían las mareas del destino. Tampoco conocíamos el verso: “Que la vida va en serio, uno lo empieza a comprender más tarde”.

Convivimos cuatro años en el internado, siempre en la misma habitación. Éramos cómplices.

Me contó: estos últimos años vive casi como una anacoreta en la zona de Lobios, retirado de la Guardia Civil. Fue a finales de los 60 cuando fuimos por primera vez de putas. Habíamos visto en “La dolce vita” a Anita Ekberg lucir sus senos generosos. Como toda nuestra generación, perdimos la virginidad en aquel alegre y sórdido ‘barrio’ de la calle Villar. ¡Ah!, lluvioso anochecer, cien pesetas cada uno, esperando turno, mientras las palanganeras hacían su trabajo lavando ‘nuestras partes’. La mujer preguntó a mi amigo: “¿Gozaste, vida?”. Mi amigo respondió un poco avergonzado: “Sí, señora”.

Pero quiero contarte de aquel muchacho que dormía en la litera, arriba. Algunas noches lloraba silenciosamente. Sus padres llevaban muchos años emigrados en Alemania. Con frecuencia le enviaban regalos, y a mí me daba un poco de envidia. Pero, para sorpresa mía, abría los paquetes con desdén, enfadado y algo triste.

Al apagarse las luces, fumábamos clandestinos un ‘bisonte’ a medias. Ciertas noches me contaba sus cuitas: “Marcharon para Francfort cuando yo tenía siete años, crecí con mis abuelos, son a los que quiero. Mis padres vienen una vez al año y para mí son unos extraños. Los odio. Mis brazos se niegan a abrazarlos. Se enfadan conmigo porque los trato de usted”. Para que olvidase, yo le decía que me enseñase el silbido de las aves.

(Hace unos días cuando me visitó, me dijo: “¿Te acuerdas cuando perdimos la virginidad? Se llamaba Maruja, tenía los pechos grandes como quesos manchegos, nosotros teníamos quince años”.

Después, muy serio me contó: “Al salir del internado me metí en la Guardia Civil; pedí el lugar más peligroso del País Vasco, allí estuve toda mi carrera. Acudí a muchos entierros de compañeros. Bebí mucho, me llevé una gallega y no la traté como merecía. Sentí el rechazo de todo el mundo, oí las voces de algún torturado.

Todavía hoy, al caminar, presiento que me persiguen perros de presa. El psiquiatra del ‘cuerpo’ hurgó certero en mi infancia”. Caminamos por la ciudad. Recorrimos juntos la desolada calle Villar, allí me confió: “¿Sabes?, tengo ese mal que tienen muchos hombres, la maldita próstata”. Como cuando estaba en la litera, le dije: “Anda, enséñame el canto de los pájaros”.

                                                                          Jaime Noguerol, La Región 30/03/2014

martes, 28 de junio de 2016

La camada de Obdulia

Solo en extrañas ciudades como esta puede existir una camada así: “los niños de Obdulia”.

¡Ah, Obdulia! Una leyenda, tuvo todos los hijos del mundo.

Te preguntarás qué es un “obduliano”. Sitúate en los 60; el obispo Temiño controla con sus ojos castellanos la ciudad y tolera la movida de la calle Villar: “Hay que darle un respiro al ourensano”.

El barrio chino echa humo, la explanada llena de coches con matriculas de Centroeuropa; en los bares aceptan francos y marcos y te hacen el cambio tal un banco.

Los emigrantes bajan de vacaciones, corre el dinero a tumba abierta; en las gramolas suenan las rumbas. La calle Villar es el mejor barrio de todo el noroeste.

Los ‘obdulianos’ hacen recados a los chulos, llevan mensajes secretos de los clientes y platos de comida del cercano Bar Pérez. Alguno controla las veces que sube su chica a ‘ocuparse’; el macarra desconfía. Claro, esto último se lo tenía prohibido Obdulia y les castigaba a rezar.

Eran tiempos en que las prostitutas tenían hijos que no podían cuidar. Tener un hijo de soltera era un estigma.

“Me llamo José Antonio; tengo 53 años y me crie en el barrio, justo en la calle Cervantes. Tuve tres hermanos de sangre y otros diecinueve de convivencia, a los que quise mucho. Mi progenitora, como muchas prostitutas, me entregó a la señora Obdulia, que fue mi verdadera madre hasta el 85, en que falleció. Allí me crie. Todos éramos hijos de prostitutas, un trasiego; créeme, fue un tiempo muy feliz. Dormíamos de tres en tres, comíamos por turnos y, por supuesto, íbamos todos a los colegios cercanos del Posío. Una santa”.

En una vieja entrevista, cuenta el periodista Alvarez Alonso cuando visitó a los niños de Obdulia: “Entro en una casa vieja, muy vieja, las escaleras crujen, te expones a meter un pie en un agujero. En el último piso viven la señora y los suyos. Todo es muy limpio, ordenado, los niños van llegando. Dicen: ‘Hola mamá’, y se ponen a hacer sus deberes. Uno de ellos se concentra en dibujar”. El periodista queda pasmado del orden, las camas de hierro en donde duermen, la comida por turnos y el calor humano que cubre el hogar.

Tengo a mi lado a aquel niño que dibujaba, José Antonio: “Fui muy amigo de Quessada; de vez en cuando me daba un cuadro para que me buscase la vida, me empujó a hacerme pintor. Todos los ‘artistiñas’ fueron mis amigos”.

Le pregunto por su vida: “Corrí mundo, viví en la Ibiza de los buenos tiempos; me da algo de vergüenza, pero ejercí de gigoló, tal vez por el recuerdo de mi barrio. Los chulos tienen muy mala fama, pero yo jamás presencié violencia con sus chicas. Alguna vez brilló la navaja albaceteña, pero se respetaban y mantenían el orden en la calle”.

José Antonio sonríe: “Siempre nos recogíamos pronto. Una tarde había mucho nerviosismo en el barrio, enseguida nuestra madre nos buscó. Después supe que alguien importante había muerto en los brazos de su mujer favorita”.

(“La noche en que murió Obdulia, nos pusimos todos en fila, nos despidió de uno en uno. A mí me dijo: ‘Sé bueniño, y algo más que guardo para mi’. Los ‘obdulianos’ andamos esparcidos por el mundo, incluso salió un buen futbolista ourensano.”

José Antonio me hace un guiño: ‘Escribe que el que quiera ver mis pinturas se pase por la c/ Xoan Novoa nº 6”.

lunes, 25 de abril de 2016

As noites son das cabras do aire

"Ás tantas, apareceu por fin a Tina. Chameille cantas había. Unha vez que se vía fóra do lío, volvía á súa vida, ós tratos do Vilar, e a min que me desen por onde se enfían as agullas. Foime perdoada a desconfianza, achacable á incomodidade da vendaxe e á ferida que tiraba. Non tiña motivos para pensar mal. Esperara á noite para non coincidir cos meus amigos, dáballe apuro, e logo meteuse a ver unha película e fixéraselle tarde.

  -O doutor Zhivago. ¡Preciosa! ¡Se souperas o que chorei!

  -Ás mulleres píngavos o moco por menos de nada. O domingo que vén imos ó baile á Troya. A ver se saio de aquí a tempo.

  -A Troya está moi ben para pasar os domingos, pero logo hai que contar cos días soltos.

  -Nos días soltos... ¿que che parece un paseo á tardiña? Quizais unhas tapas no Eirociño.

  -¿E as noites?

  -As noites son das cabras do aire."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx.33-34

sábado, 9 de abril de 2016

A lume de pallas

"Non lle din tempo a desconfiar, tal vez sabía que lle andaba enriba, así que puxen cara de noxo cando me convidou a subir ás pousadas lóbregas daquela rúa, e propuxen a cambio un hotel de postín na entrada de Celanova. Acreditou na existencia do motel durante un treito de estrada. Deixamos moi atrás a Valenzá, e a rota volvíase agreste. (...)  O parrafeo e as evasivas sosegárona inda un pedazo pero, en chegando a Celanova, tiven que confesarlle o destino da viaxe. Revolveuse cal fera enxaulada e ollou a porta pensando seguramente en tirarse, de modo que pisei a fondo e non parei ata a caseta da alfándega da Magdalena. (...) Fose portugués, tal como sostiñan os do tricornio, ou español, segundo dictame dos guardiñas, o ofidio barreuse por un toxal, e nós emulamos a súa prudente determinación largando cara a Lindoso a lume de pallas."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx.21-22

viernes, 8 de abril de 2016

Espeteira de luxo

"Pola tarde había que render contas ó magnate, de modo que papei dúas costelas no Bar das Empresas Gómez, taberna e administración de coches de liña onde comen os padaos sabios da aldea, e, co bandullo farto, presenteime a tomar a lección. (...)

  Á mañá seguinte nin tan sequera tomei a parva co Maragato. Apresureime a despachar os asuntos de trámite encargados polo xefe e, á primeira hora da tarde, andaba xa escudriñando no Love Love e demais antros do Vilar. Din, por fin, co que buscaba no Suevia. Unha loira artificial con moito bucle e bambeo de cadeiras, espeteira de luxo e pernas descalcificadas."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx.20-21

jueves, 7 de abril de 2016

Tildou de candonga

"E así foi que volvín ó Vilar antes do que pensaba. Metéuseme na cabeza que Ela, a que a nai do Morocho tildou de candonga, tiña que estar aquí. Era dar unha patada no ceo, pero un mozote que saiu de Wichita, teso, presumido e con cartos, acaba recalando neste andurrial. E nunca falta unha lista que lle poña o narigón.

  Entrei no Love Love coa garda erguida, coma un boxeador medrán, e anque non recibín embestidas físicas, si que me escornaron a honra canto quixeron. Era luns, día de escaso trafego e só dúas mulleres, xa vedrañas, permanecían ó pé do cañón.(...)

  -Ese muchacho está pola Cona Eléctrica."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx. 19

miércoles, 30 de marzo de 2016

De novo a amoxetar putas

"-Xa verás como teño que tocar a chanca pola raia.

  -Para facer o paripé, Sindo. Non tardarán en poñerte de novo a amoxetar putas no Vilar.

  Subindo a rúa do Concello pensei en tomarlle outro vaso e retrasar o encontro co xefe. De seu rabudo, co asunto dos portugueses pintaría a cana verde. Pero nin sequera a augardente torce o que está de ser, así que crucei a Diagonal e seguín cara ó Parque de San Lázaro. Ó estacionar -espantando mocosos que abrían a boca pasmados co meu Dauphine-, xa vin que me acenaban os policías da escolta dende o Goberno Civil."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx. 13

lunes, 28 de marzo de 2016

De cazata

"O Maragato faime señas dende a porta do Café Canedo. A copa de augardente e o primeiro cigarro. Axiña. Antes que as amarguras da boca me coman a moral. Unha lavativa de gato para sacar a máis gorda e fóra, a tomar a parva e ver que conta ese barallante.

 -¿Durmiches ben, Sindo?

 -Non foi moito.

 -¿E logo houbo troula? Polo visto fostes de cazata ó Vilar. Pono A Zarpa. (...)

  -Trae acá A Zarpa, a ver que mentira di. Porque supoño que pasaron máis cousas no mundo que as agarradas co puterío."

Bieito Iglesias, "Luanda" en  miss Ourense, ed. Galaxia, Vigo, 1994, páx. 11