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viernes, 20 de mayo de 2022

Lucila Valente

Estuvo en pie, vivió,
fue risa, lágrimas,
alegría, dolor,
pero amaba la vida.

Caminó entre nosotros.

La mañana era cosa
de sus manos alegres,
zurcidoras, abiertas.

Solía alimentarnos
de pétalos o besos
sin cesar desprendidos.

Dejó su nombre puro
solo frente a la noche:
Lucila o siempremadre.

Ahora yace aquí,
donde la lluvia canta
al pie de un montealegre.

Bajo la tierra el agua
acaricia sus huesos.

Ella amba la vida.

José Ángel Valente, A modo de esperanza,(1953-54)
Obras Completas I, Círculo de Lectores, 2006, pág. 70

("Educado entre mujeres", como él mismo solía recordar, y muy unido a su tía-madrina Lucila -figura que aparece en algunos de sus poemas-... pág. 11 de la "Intoducción" de Andrés Sánchez Robayna)

miércoles, 6 de octubre de 2021

La tenaz persecución

 "Mientras iban camino del cementerio, recordó, era visible como una presencia el miedo que les encogía el ánimo a todos; la tenaz persecución que el sádico hacía de quienes habían dejado atrás lo que inútilmente se denomina madurez, empujaba a muchos de ellos a buscar refugio en casa de familiares que los acogían sin entusiasmo."

José María Pérez Álvarez, Las estaciones de la muerte. Duen de Bux, Ourense, 2008. Pág.87.

martes, 5 de octubre de 2021

El postrer paseo

 "Don Eusebio evocó el entierro, la tarde de calor en la que se sintió obligado a hacer bulto, a figurar en el postrer paseo de Tejada, desde la iglesia de Santo Domingo hasta el cementerio de San Francisco, donde una brisa suabe los saludó después de la caminata. "Pobre Nicanor", se lamentó Máximo extrayendo de la cartera el recorte del periódico que mencionaba la desaparición del amigo."

José María Pérez Álvarez, Las estaciones de la muerte. Duen de Bux, Ourense, 2008. Pág.86-87.

martes, 14 de febrero de 2017

Desde Orense á Cea (II)

A nuestros piés, bajo el soberbio puente, gime el aurífero Miño y á pocos pasos sobre nuestra cabeza pasa vertiginosa la audaz locomotora haciendo crujir el férreo puentecillo bajo el peso de sus raudas ruedas.

Las vaporosas brumas, cual por  encanto disipáronse,  y el horizonte despejado permite ver el sorprendente paisaje que ofrecen las sin rival campiñas orensanas.

Allá queda Montealegre con su falda salpicada de casitas blancas entre viñedos verdes y su cumbre coronada de silvestres pinos, sobre los cuales rústica cruz destaca sus brazos de granito.

Mas abajo el solitario cementerio con sus bosques de ciprés y sáuce, cercando el pié del franciscano convento que avaro guarda el artístico cláustro y, mas abajo aún, la gótica catedral con su moderna torre y su magnífico cimborrio, proyectando negra silueta sobre la churriguerresca iglesia de Santa Eufemia y envolviéndolo, cual si en nubes de incienso fuese, en las múltiples espirales de blanquizco humo que de las encumbradas chimeneas brota. 

A las márgenes del Loña queda la pintoresca aldehuela del mismo nombre con su antiquísimo puente coronado de festones de yedra y sus bullentes cascadas que, al rebotar de roca en roca, deja en las juncias blondas de espuma y salpica de líquidos brillantes las atrevidas casas del pueblo de Mende, que basadas en socavados peñascos, inclínanse sobre el abismo cual nido de águilas á quien solo sostienen los débiles zarcillos de la trepadora vid.

En tanto el coche levantando las nubes de polvo sigue con vertigiosa rapidez; y pintorescas aldehuelas, nuevos caseríos y variados paisajes quedan á nuestro paso.

Por las lindes del camino los morados brezos y los dorados tojos agrúpanse en confusión mezclando sus odorantes flores con la bailadora pimpinela y la escabiosa, y los arbustos de los floridos setos siéntense enlazar por la madreselva, y el convélvulo por entre cuyas bien olientes flores asoma su negro fruto la silvestre zarza.
 


Heraclio Pérez Placer, “El Escorial de Galicia”, El Álbum Literario, 14 de outubro de 1888, nº37, páx. 3.

martes, 28 de julio de 2015

Avaro gardador de artístico craustro

"Aló por outro lado, Montalegre, coa rústeca cruz de granito, cercada de pinos silvestres, erguida, xentil, na cima do fermoso picouto, a cuia falda se destacaban os negros, sombrizos, medorentos alciprestes do camposanto e a torre esmochada do antigo mosteiro de San Francisco, avaro gardador de artístico craustro."

Heraclio Pérez Placer,("Ánxel") Contos, leendas e tradiciós, 1891, Imprenta de El Eco de Ourense (Obra narrativa en galego, 1998, Centro Ramón Piñeiro, páx.287)

sábado, 14 de diciembre de 2013

"La Pelana"

"Los hechos ocurrieron así: popularmente se conocía a la Pelana, propietaria de la casa de lenocinio más lujosa de Auria (...)

En los últimos tiempos su palidez se había extremado en pocas semanas, hasta adquirir un tinte amarillento, como pajizo, y sus ojos se habían ido hundiendo tras unas ojeras papudas y salientes, como de borracha. El rumor de que una grave enfermedad la minaba se hizo certidumbre cuando la criada del médico Corona dijo, en el lavadero público de las Burgas, que "la Pelana tenía un cáncer abajo.