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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Un "cerdo" matinal

 "Bebió una taza de café con la ducha abierta y cuando entró en el cuarto de baño pareció ingresar en un barrio próximo al río donde la niebla lo cubría todo; silbó algo mientras se duchaba y una vez seco, se retrasó bastantes minutos en encontrar ropa limpia (...) aunque ya no existía un impertinente como López que lo saludara en el Liceo dedicándole un "cerdo" matinal en vez de unos "buenos días, don Eusebio"."

José María Pérez Álvarez, Las estaciones de la muerte. Duen de Bux, Ourense, 2008. Pág.142.

martes, 25 de diciembre de 2018

Apenas unos instantes

"Salió hacia el río (piensa que es una costumbre que le ha quedado, cual animal querencia, del remoto amor adolescente). Por el camino se encontró con dos viejos amigos. Se fueron los tres por la carretera de Oira y llegaron hasta cerca del pueblo. (...) Al regreso se detuvieron un rato en el Puente Nuevo. El sol, ya en el ocaso, se dejó ver apenas unos instantes..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.113

lunes, 24 de diciembre de 2018

El día de Nochebuena

"El día de Nochebuena, poco antes de la hora convenida para la cena familiar, salió de casa con el pretexto de recoger unos apuntes en casa de un amigo, allí muy cerca.

  Se encaminó sin vacilación alguna hacia el río. Había niebla, una niebla densa, blanda, como algodón, que ponía en los labios un sabor ligeramente agrio; en las calles, las luces de las farolas componían pequeños ámbitos esféricos, como globos macilentos; casi no se distinguían las escasas personas que pasaban apresuradas, con las que él -sin duda- se cruzó.

 (En noches así, en las proximidades del río la niebla se espesa hasta tal punto que se tiene la impresión de vagar por una atmósfera irreal, una suerte de caos primordial, al margen del espacio, del tiempo...)

  Tal vez iba pensando que aquello era lo suyo, que al cabo regresaba al regazo materno de los cuentos; acaso, en el momento de arrojarse desde el Puente Nuevo, su conciencia no estaba ya en la circunstancia inmediata; traspuesto el umbral, aventurado con pasión el primer paso, se adentraba ya en la entraña insondable del misterio.

(...) escribió con letra firme: "Sólo quiero descansar de vivir".

....................................................................................................................................................................................porque la niebla es un reclamo del río, una apremiante llamada que sólo algunos -muy pocos- son capaces de comprender, incapaces de desoír..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.111

jueves, 13 de diciembre de 2018

¡Déjala correr, déjala correr...!

"Todos los años, el día de Santiago, coincidiendo con la fiesta patronal de uno de los barrios extremos, celebraban una comida extraordinaria que llamaban "la patronal", cabe suponer que en honor al santo, y que constituía un modelo en su género. Era una merienda-cena y el lugar del rito, un campo a la orilla del Miño, enfrente al de la fiesta del barrio. Antes de empezar a comer, con la ronda inicial de tinto, hacían un brindis que realizaban con litúrgica solemnidad. El más veterano alzaba su jarra y, mirando al cielo, exclamaba: "¡Dios es bueno! y ¿el vino...?", interrogación que todos coreaban acompasadamente: "Los vinos, todos buenos..." y, mirando hacia el río, "...el agua -que jamás has de beber- ¡déjala correr, déjala correr...!"."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.85

sábado, 24 de noviembre de 2018

Encogida, incómoda

"El valle es angosto. Se ahonda como un pasillo a la izquierda del río, entre colinas que sólo hacia el Sur lo dejan respirar un poco. El río lo cruza de Este a Oeste por el extremo norte, recibe en él dos afluentes, ambos por la margen izquierda: el Loña, a la entrada, y el Barbaña a la salida. Todas las del valle -las carreteras, el ferrocarril- bordean las márgenes del gran río o sus afluentes.

  La ciudad, encogida, incómoda en el estrecho regazo, en cuanto las lluvias y las nieblas le dan pie para ello, se despereza por las carreteras y los caminos de las afueras."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.53

viernes, 23 de noviembre de 2018

Orillar, entrever

"Él, ahora, solo, recuerda aquel día, los momentos anteriores al que la fotografía ha retenido de algún modo; recuerda el momento en que ella, al contemplar la perspectiva del Puente Nuevo y el Puente Viejo al fondo, desde la considerable altura del Viaducto donde están, dice con voz velada "¡Qué altos estamos!", y él responde, sin afectación, con naturalidad donde se confunden en verdad las circunstancias físicas y metafísicas, "Sí, estamos más cerca del cielo".

  Ahora, solo, definitivamente solo, piensa que han sido vanos todos sus esfuerzos por retener el amor, como si su vida fuese también un agua fluyente, apasionada, anhelando siempre quedarse en las riberas sosegadas que no le es dado sino orillar, entrever..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.50-51

jueves, 22 de noviembre de 2018

Del sulagado fondo

"A veces, el agua se detiene para contemplarlo todo, para copiar sus primeros sueños. Eso son los remansos; los lugares donde los arroyos se detienen a soñar sus primeros sueños. Van reflejando los árboles, los pájaros, las nubes..., entrañándolos en su hondura, en su memoria de agua, donde permanecen bajo el fluir de la corriente. Si uno se detiene, se queda con amor a la orilla de un arroyo, al costado de un remanso, puede sentir la belleza de todas estas cosas y cómo, a su conjuro, en su corazón la paz se aquieta, se ahonda, cual si el corazón fuera también un remanso donde todo se fuese reflejando, quedando; cómo del sulagado fondo va brontando un canto sin voz."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.49

martes, 20 de noviembre de 2018

Si ti foras o regueiro

"Regresaban despacio, deteniéndose muchas veces, distanciándose las parejas. Se veía la mole del Puente Viejo, realzaba su belleza contra el poniente, los arcos como agrietados en el contraluz...

  Ella dice: "Me gusta el puente". En la mano estrechada, él siente los latidos apresurados, tensos, acordes a la intensidad del instante tan único. La emoción lo va colmando; llega hasta sus labios. Rompe a cantar muy quedo:

¡Ay, quén che me dera ponte
si ti foras o regueiro,

(El misterio de la copla va envolviendo a la muchacha, tejiendo con su melodía una trémula clausura que la aísla como una crisálida).

salgueiriño ao pé da fonte,
amieiral polo ribeiro...!

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.47

lunes, 19 de noviembre de 2018

El susurro dulcísimo del agua

"Al atardecer había unos instantes en que todo colaboraba a la revelación del prodigio: las orillas se diluían en la luz del crepúsculo; se ahondaban el silencio, la quietud; se sentían flotar, inmóviles, en un cauce irreal al margen de toda fluencia, como si el tiempo y el espacio hubiesen perdido sus dimensiones; las palabras eran innecesarias, vanas; se cogían las manos y se besaban a hurtadillas, rozándose apenas los labios; los suspiros planeaban sobre el susurro dulcísimo del agua..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.47

domingo, 18 de noviembre de 2018

A la par de la corriente mansa del estiaje

"Al final de aquel curso, el último del Bachillerato, empezaron a salir con las chicas en pandillas mixtas; iban de merienda a la orilla del río y allí, al arrullo del agua, comenzaban las escaramuzas de noviazgo. Luego, durante el verano, las parejas que habían cuajado hacían rancho aparte y se iban -todavía varias juntas- río arriba o río abajo, buscando los lugares donde escaseaban los bañistas; alquilaban barcas y se iban hasta el centro del río, buscando un total aislamiento, dejándose llevar por sus sentimientos a la par de la corriente mansa del estiaje."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.47

sábado, 17 de noviembre de 2018

La orillo pacientemente

 "En la décima de la trenza -ya muy posterior-, la imagen del río se perfila como un símbolo de aquel sueño fugaz, inaprehensible:

Como un gran río regresa
tu trenza, como un gran río.
El pensamiento sombrío
como un gran río atraviesa;
como un gran río, no cesa
de transcurrir su corriente.
La orillo pacientemente,
la rodeo..., vano empeño,
que jamás su errante sueño
se represa tras la frente."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.46

viernes, 16 de noviembre de 2018

Te irás con el agua de los días

"Te irás con el agua de los días,
te irás con todas tus palabras como pájaros...
Un hombre querdará eternamente encadenado a tu 
ausencia,
por las mudas orillas del recuerdo,
en aquel puente cotidiano para siempre.
Le crecerán, frondosas, la barba, la mirada
poblada de pájaros tristes y canciones purísimas;
por el cóncavo cielo de tu mano
revolarán las alas de sus sueños...
Tú -rotos todos los puentes de la ternura-
estarás sin orillas,
cada vez más distante..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.45

jueves, 15 de noviembre de 2018

Aglutinándolos

"Ella, tras un tiempo de indiferencia y silencio, comenzó a contestar a sus cartas. En las de ella, toda referencia era plural, sin dejar traslucir la mínima inclinación, lo qu los iba uniendo más y más, aglutinándolos, de modo que su vida toda giraba en torno a la casa - el puente, la orilla del río-, donde ella estaba casi siempre. Ahora bajaban con frecuencia a la orilla del río y paseaban bajo el muro de la huerta."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.44

sábado, 10 de noviembre de 2018

Al río todo

""Vámonos, joder!,¡qué hostias hacemos aquí!" La voz tenía un tono acerado, agresivo, como si quisiese desafiarlos a todos: a ellos, al misterio insondable en que acababa de hundirse el noble camarada, al río todo, que seguía su curso, invariable, con lentitud dulcísima, ajena..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.39

viernes, 9 de noviembre de 2018

Ya en la orilla

"Aquel día, un día de principios de temporada (apenas apretaba el calor, apenas había gente en el río) fueron a bañarse a "Los Caños", una plataforma de cemento en la que se asentaban dos grande tuberías que hacían la traída de agua para la inmediata central eléctrica. Era un sito donde se bañaba poca gente, porque la profundidad era muy grande ya en la orilla. Aquel día estaban ellos solos, no se veía nadie por las cercanías."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.37

jueves, 8 de noviembre de 2018

"El río es libre"

"Las chicas apenas iban al río; sólo algunas, a sitios muy retirados y con alguien de su familia. Ellos las rondaban. "El río es libre", decían los armadanzas para justificarse ante los que se resistían a acercarse por timidez y los tachaban de "falderos". Pasaban ante ellas, nadando río abajo, cantando a voz en grito las canciones de moda; "...si me quieres matar, ¡miraméee"."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.36

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Virilidad

"En el río iban haciendo el descubrimiento de sus propio cuerpos. Se avergonzaban pudorosos de sus formas casi neutras todavía y, para vencer la timidez, hacían alardes de virilidad diciendo procacidades: "Tienes piernas cachondas, de furcia (era como solían llamar a las prostitutas). Me dejas que te las magree". "Sí, toca cabrón, toca, ¡ya verás que gustazo te va a dar"."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.34

martes, 6 de noviembre de 2018

Rumoroso, espumante

"Por la tarde, en el Instituto, presumían ante los compañeros: "Nosotros fuimos esta mañana, y ¡está buenísima!".

  Por mayo, iban ya casi todos los días. El río venía muy crecido todavía, pero en las presas de los molinos se atenuaba la corriente y no había peligro si no se acercaba uno al extremo por donde rompía el cachón, rumoroso, espumante."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.33

sábado, 3 de noviembre de 2018

Un nutrido archipiélago

"se bañaban en las peñas de enfrente, donde ya en la orilla había mucha profundidad -"cubre", decían ellos-, porque todos sabían nadar. Venían río abajo y, al pasar frente a ellos, gritaban: "¡Don Felipe, don Felipe...! y, cuando él miraba, se zambullían dejando las nalgas fuera, y se veía un nutrido archipiélgo de culos en el centro del río."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.23-24

viernes, 2 de noviembre de 2018

El agua

"Algunas veces se atrevían ya a bajar a la orilla del río para ver el agua de cerca. Cogían en el coiñal pequeños cantos rodados -los más planos- y jugaban a "cortar la corriente". Las piedras, habilmente lanzadas a ras del agua, la tocaban  intermitentemente, a saltos sobre ella, como si rebotasen contra el plano ideal de la superficie fluyente. Iban contando los saltos -"uno, dos, tres..."- al principio muy distantes, tocando apenas el agua..."

Julio López Cid. El Río. Duen de Bux, Ourense,  2008. Pág.27