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lunes, 20 de septiembre de 2021

El color gris de sus excrementos

 "Sin querer, más bien, sin darse cuenta, sonrió mientras dejaba a sus espaldas la fachada de la iglesia de Santa Eufemia en la que anidaban palomas que con los años teñirían del color gris de sus excrementos las hornacinas y los santos allí petrificados."

José María Pérez Álvarez, Las estaciones de la muerte. Duen de Bux, Ourense, 2008. Pág.72.

sábado, 18 de noviembre de 2017

No sillón orelleiro tapizado en azul

"É onde está agora. Comodamente instalado no sillón orelleiro tapizado en azul, le o periódico. A súa muller, Mariana, acaba de deixarlle por riba da mesa camilla as pastillas e o vaso de auga, que toma distraidamente, sen levantar os ollos. Debe estar lendo a noticia que di que onte pola mañá, a primeira hora do día, houbo un incendio na Praza das Mercedes, durante o cal morreron dous individuos non identificados, quizais mendiños que dormían no portal dalgunha das casas queimadas ou delincuentes comúns que buscaran refuxio naquel lugar, seguramente os mesmos individuos que hai uns días roubaron pola noite o cepillo da igrexa de Santa Eufemia e acabaron rebentando o peto nos baixos da Alameda."

Carlos Casares, Deus sentado nun sillón azul. Ed. Galaxia, colección literaria, nº 138. 1ª edición, Vigo, 1996. Páx. 13.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Na xirola

"A insolencia da provocación non conseguíu alterar o natural pacífico do prelado, que se retirou cara o interior da catedral sin retrucar. Ao pasar por diante da capela de Santa Eufemia, na xirola, sentíu de repente que se lle doblaban as pernas. Arrimouse ao enrexado e tratou de aguantar de pé, agarrándose con fortaleza aos barrotes de ferro. O corazón resonaba alterado e canso na caixa do peito e un desagradable sabor a xofre entumeceulle a lengua. Por un momento baréuselle o sentido e pensou que iba caer, pero os brazos, casi empotrados na forxa, impediron que acabara no chan."

Carlos Casares. Ilustrísima.Ed. Galaxia, 1980. 3ª edición, novembro 1986, páx. 123-124.

martes, 14 de febrero de 2017

Desde Orense á Cea (II)

A nuestros piés, bajo el soberbio puente, gime el aurífero Miño y á pocos pasos sobre nuestra cabeza pasa vertiginosa la audaz locomotora haciendo crujir el férreo puentecillo bajo el peso de sus raudas ruedas.

Las vaporosas brumas, cual por  encanto disipáronse,  y el horizonte despejado permite ver el sorprendente paisaje que ofrecen las sin rival campiñas orensanas.

Allá queda Montealegre con su falda salpicada de casitas blancas entre viñedos verdes y su cumbre coronada de silvestres pinos, sobre los cuales rústica cruz destaca sus brazos de granito.

Mas abajo el solitario cementerio con sus bosques de ciprés y sáuce, cercando el pié del franciscano convento que avaro guarda el artístico cláustro y, mas abajo aún, la gótica catedral con su moderna torre y su magnífico cimborrio, proyectando negra silueta sobre la churriguerresca iglesia de Santa Eufemia y envolviéndolo, cual si en nubes de incienso fuese, en las múltiples espirales de blanquizco humo que de las encumbradas chimeneas brota. 

A las márgenes del Loña queda la pintoresca aldehuela del mismo nombre con su antiquísimo puente coronado de festones de yedra y sus bullentes cascadas que, al rebotar de roca en roca, deja en las juncias blondas de espuma y salpica de líquidos brillantes las atrevidas casas del pueblo de Mende, que basadas en socavados peñascos, inclínanse sobre el abismo cual nido de águilas á quien solo sostienen los débiles zarcillos de la trepadora vid.

En tanto el coche levantando las nubes de polvo sigue con vertigiosa rapidez; y pintorescas aldehuelas, nuevos caseríos y variados paisajes quedan á nuestro paso.

Por las lindes del camino los morados brezos y los dorados tojos agrúpanse en confusión mezclando sus odorantes flores con la bailadora pimpinela y la escabiosa, y los arbustos de los floridos setos siéntense enlazar por la madreselva, y el convélvulo por entre cuyas bien olientes flores asoma su negro fruto la silvestre zarza.
 


Heraclio Pérez Placer, “El Escorial de Galicia”, El Álbum Literario, 14 de outubro de 1888, nº37, páx. 3.

sábado, 16 de mayo de 2015

De rápeda pendiente


Heraclio Pérez Placer, Contos da terriña, Editor Andrés Martínez, A Coruña, 1895, páx.24
("O Sr. Capitán")