"No podemos olvidar los momentos de ferviente entusiasmo vividos por Orense, en los días de la inauguración de la estatua del Padre Maestro. No era la primera. La primera obra del artista compostelano Juan Samartín y Serna, que la modeló en Madrid, en 1858, fue adquirida por el Estado y colocada en la Biblioteca Nacional antigua. En el nuevo edificio de Recoletos no figura ninguna estatua del autor del "Teatro Crítico".
Ignoramos a donde haya pasado esta obra notable, según un crítico que escribe en 1884, por la "clásica simplicidad, noble caída de los paños, y muy especialmente por la expresión de la cabeza... inclinada con cierta melancólica dulzura sobre el folleto escrito tal vez por alguno de sus muchísimos detractores".

Orense era en 1887 una pequeña ciudad ferviente de anhelos y apasionada por las ideas: era el Orense de Curros, de Carvajal, de Saco y Arce, del comienzo de una época y el saudoso recuerdo de otra. La estatua como vindicación y como noble tributo, se debe sobre todo a la energía e inquebrantable voluntad de un patricio orensano, el letrado y banquero don Manuel Pereiro Rey, vecino de la Plaza Mayor, al que se refiere el poeta y orador Alberto García Ferreiro al escribir la crónica de aquellos días inolvidables, que entre las aclamaciones de los veinte mil asistentes al descubrimiento de la estatua el día 8 de septiembre un hombre solo "lloraba" al ver realizado su gran pensamiento después de muchos años a prueba de "contrariedades y disgustos". Asistieron muchas notables figuras de Galicia y fuera de ella: Paz Nóvoa, Pérez Placer, Labarta, Cid Hermida, Alfredo Brañas, Placer Bouzo, Nicolás Taboada, Torcuato y Renato Ulloa, el doctor Maximinio