"Los manantiales de chorro caliente humeaban en ese día frío de invierno creando una atmósfera extraña, a la que los habitantes de la provincia de Ourense ya estaban acostumbrados, pero que siempre sorprendía a los foráneos. Los baños termales volvían a estar de moda y eran un reclamo turístico tanto a orillas del Miño, en enclaves como A Chabasqueira o en Outariz, como en este embalse, el de As Conchas, en el río Limia, al sur de la provincia y casi frontera con Portugal. Miles de turistas, además de los vecinos de la zona, se acercaban durante el año a darse unos baños en esas pozas templadas, verdaderos jacuzzis naturales. No es Islandia, decían orgullosos los ourensanos, es Galicia."
Carlos Montero. El desorden que dejas. Ed. Espasa. 2016. Pág. 9.